
La gastronomía mexicana se caracteriza por su gran variedad de platos, recetas y por la complejidad de su elaboración. Además, es conocida mundialmente por sus peculiares y condimentados sabores. Entre sus influencias, cabe destacar las tradiciones gastronómicas indígenas y europeas, entre otras.
La historia de la gastronomía mexicana se remonta a unos diez mil años atrás, a la época en que los cultivos de maíz empiezan a desarrollarse para convertirse posteriormente en la base alimentaría de las culturas mesoamericanas. Este origen remoto, le otorga un sello singular, que la distingue de otros acervos culinarios.
Una muestra de que la diversidad es la característica esencial de la cocina mexicana, la encontramos en el hecho de que prácticamente cada estado mexicano posee recetas y tradiciones propias en materia culinaria; pero, sin duda, hay ciertas creaciones gastronómicas que, habiendo surgido localmente, se han vuelto emblemáticas de México, tanto por su calidad como por su aceptación generalizada. Este es el caso de platillos como la “cochinita pibil” (originario de Yucatán), el “mole oaxaqueño”, el “mole poblano”, el “pozole” (identificado con Sinaloa, Jalisco y Guerrero), el cabrito (coahuilense y neoleonense), el “pan de cazón campechano”, el “Churito” y las “Corundas purépechas” (de Michoacán), solo para mencionar algunos ejemplos.
La cocina mexicana se caracteriza también por un componente indígena básico en sus ingredientes y formas de preparación de los alimentos y en este sentido podría decirse que su denominador común es el uso del maíz, del "chile" o ají y del fríjol, acompañados por el tomate en diversas formas y variedades. Cabe destacar también el uso habitual de carnes rojas, cebollas, calabazas y plantas como el nopal en sus preparaciones.