El corcho es un factor importante en la preservación y mantención de la calidad de los vinos. Proviene del alcornoque, especie arbórea que se da en tierras mediterráneas de clima benigno. Portugal es el primer productor mundial, con alrededor de un 50% del total, seguido de España. El alcornoque es un árbol de tamaño medio y hoja persistente. Su madera es dura y pesada, pero la corteza es esponjosa y muy ligera, con profundas y arrugadas grietas longitudinales. Para que ésta última pueda ser empleada para la obtención de corcho deben transcurrir al menos treinta años en el desarrollo del árbol. En la extracción de la corteza conviene tener en cuenta dos factores: no realizar este proceso durante épocas de movimientos de savia y tener cuidado de no dañar la casca o corteza interna, sin la cual el árbol moriría. El corcho es un tejido protector del tallo y las células de éste se impregnan de suberina, sustancia que lo hace impermeable y que constituye su componente principal. La calidad del corcho como tapón, se determina finalmente, en gran medida, por la densidad de la corteza de origen y su grado de porosidad.
El proceso de elaboración de tapones de corcho comienza con el acondicionamiento de éste en forma de planchas y luego éstas se almacenan y secan para reducir su humedad. Después son vaporizadas o escaldadas con agua hirviendo desclorada para mejorar su elasticidad y cerrar los poros. De este proceso resultan planchas con un 30% más de volumen, las cuales vuelven de nuevo a reposar para secarse. Luego, vuelven a ser vaporizadas y finalmente son cortadas transversalmente a la medida de la altura que se desea para los tapones. La longitud de éstos dependerá del vino para el que vayan a ser usados. En los de rápido consumo, oscila entre 38 y 44 mm mientras que en los vinos de guarda el rango oscila entre 49 y 54 mm. Con las planchas ya preparadas, finalmente se cortan los cilindros mediante gubias o cilindros afilados. Antes de ser insertados en la botella, los tapones son lavados con agua o tratados con sustancias, como peróxido de hidrógeno, ácido oxálico u ozono, dentro de las diversas alternativas disponibles para aplicar protocolos sanitarios y de calidad.
La vida media de un corcho depende de su calidad y por lo general oscila entre 20 y 30 años. Transcurrido este periodo se debe proceder a cambiar el tapón mediante una complicada operación de “reencorchado” que debe ser efectuada por especialistas, ya que de lo contrario éste podría deshacerse en el propio vino.