Uno de los platos típicos y más representativos de la comida mexicana es el Mole. Verde, rojo, negro, amarillo... de todos colores y sabores, existe aproximadamente desde hace cinco siglos, siendo el principal protagonista de banquetes religiosos, familiares y sociales. Incluso, cuando se trata de festejar a lo grande, en México se suele decir que sólo una cazuela de mole está a la altura de cualquier acontecimiento.
Su nombre proviene del vocablo náhuatl “mulli” que significa salsa – alimento y servía para identificar una preparación azteca que incluía chocolate y gran variedad de chiles endémicos como el “ancho”, “pasilla”, “mulato” y “chipotle”. Más tarde, en tiempos de la Colonia española, surgió por azar el más famoso de los Moles: el poblano, cuando una monja dominica intentaba agasajar al Virrey Tomás Antonio de la Cerda y Ragón con un guiso único. Se cuenta que la religiosa logró su cometido al moler juntos chiles, especias europeas, chocolate, tortilla, tomate y cebollas, entre otros ingredientes, los cuales dieron como resultado “una pasta maravillosa” de color rojo oscuro.
La elaboración del mole implica mucho tiempo y esfuerzo, ya que se deben lavar, “desvenar” los chiles y tostar los ingredientes, para luego molerlos, poco a poco, en un mortero de piedra, conocido como “metate”. Desde sus orígenes, en México han surgido muchas variedades de Mole, tantas que a la fecha se hace casi imposible copiar la receta original. Esta versatilidad, junto a la permanencia de sus tradicionales ingredientes, ha determinado que haya sido propuesto por la UNESCO para formar parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad.
En la actualidad, con el acelerado ritmo de vida, resulta complicado preparar el mole de forma artesanal, pero existen opciones de adquirir variedad de moles verde, rojo, “pipián” y adobo en pasta, listos para servir, los cuales son una buena alternativa para acercarnos a la tradición sin sacrificar demasiado los tiempos en la cocina. El mole se enraíza en las costumbres y en la identidad nacional mexicana: de ahí la importancia de que las nuevas generaciones conozcan este plato lleno de historia y tradición.