
Se conoce como dieta mediterránea a un modo de alimentación basado en un patrón dietético propio de los países mediterráneos, especialmente España, Francia, Italia y Grecia. Las características principales de esta alimentación son el consumo de frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pan y aceite de oliva; junto al consumo de carnes blancas y pescados por sobre las carnes rojas y a la ingesta regular de vino en cantidades moderadas. Las propiedades saludables que se le atribuyen se basan en la constatación de que, aunque en los países mediterráneos se consume más grasa que en los EE.UU., la incidencia de enfermedades cardiovasculares es mucho menor. Las causas de tales propiedades parecen estar en el mayor consumo de productos ricos en ácidos grasos monoinsaturados, presentes en el aceite de oliva (que reducen el nivel de colesterol en sangre), también se atribuyen al consumo de pescados, ricos en ácidos grasos omega 3 y, finalmente, al consumo moderado de vino tinto, que tendría un efecto cadioprotector. La dieta mediterránea está asociada con un menor riesgo de deterioro cognitivo leve durante el envejecimiento.
Se ha creado la llamada "Pirámide Mediterránea" que se estructura como se puede observar en la siguiente imagen:

1. La Physalis es un fruto pequeño, una especie de baya jugosa con forma de ovoide y que cuenta con excelentes cualidades nutricionales, entre las que destacan su capacidad de reducir el colesterol y su importante contenido de fibra y de vitamina C. Sus usos gastronómicos son variados pero normalmente se le puede encontrar en repostería, salsas, mermeladas, entre otros productos.
2. Los resultados de una reciente investigación de científicos australianos, establecieron que consumir una dieta con niveles altos de carbohidratos y bajos en grasa ayuda a las personas a perder peso y también las hace sentir más felices. El estudio tomó como muestra a 106 adultos entre 24 y 64 años, que realizaron una de dos dietas durante un año: una con poca grasa y muchos carbohidratos (pan, pasta, arroz) u otra con pocos hidratos de carbono y mucha grasa, con más carne y lácteos. "Tras un año, hubo un efecto favorable de la dieta restringida en energía (baja en grasa) comparado con la isocalórica (baja en carbohidratos) sobre el estado de ánimo de los individuos con sobrepeso u obesidad", indicaron los expertos en la revista "Archives of Internal Medicine". Los resultados de la investigación, según el equipo, son consistentes con estudios que muestran que la alimentación elevada en hidratos de carbono y baja en grasa y proteína, se asocia con menores niveles de ansiedad y depresión y tiene efectos beneficiosos sobre el bienestar psicológico.