
No existe una clasificación oficial y global de los vinos, pero hay una tendencia a fundamentar su catalogación por regiones y por los tipos de cepas. En los vinos chilenos encontramos una amplia variedad de cepas, entre las que destacan:
Chardonay: es la cepa preferida en el mundo para la elaboración de vinos blancos y una de las tres variedades que se mezclan para elaborar el champagne. Debido a sus características, da origen a vinos sin extremos y con gran cuerpo.
Cabernet Sauvignon: es el rey de los cepajes clásicos y el que ha dado gran prestigio internacional los mostos chilenos. Da vinos robustos, habitualmente con notas a frutos rojos y tabaco, entre otras. Tiene un potencial de guarda superior a los otros vinos. Excelentes Cabernets se dan en toda la zona central del país.
Sauvignon Blanc: originaria de Burdeos, Francia, produce vinos de buen cuerpo, muy aromáticos y de buena acidez. Su versatilidad es amplia. Produce vinos refrescantes, secos, agresivos o simplemente listos para beber.
Merlot: cepa que, por su tipo de taninos, produce vinos más livianos para beber.
Pinot Noir: noble cepa de difícil tratamiento, tanto en la viña como en la bodega, pero que correctamente tratada produce grandes vinos: aterciopelados, suaves, con deliciosa fruta y muy complejos.
Riesling: una cepa muy noble que da vinos de gran riqueza aromática (flores secas, pasas, higos secos) y buena acidez, especialmente apta para climas más bien frescos. En Chile su cultivo se mantiene a niveles bajos.
Syrah: cepaje cuyo origen es materia de discusión, pero que se asocia habitualmente con el Ródano francés y con Australia, donde se le denomina Shiraz. En Chile su irrupción es reciente y los resultados han sido alentadores puesto que se ha adaptado muy bien y ha dado vinos ricos: concentrados, poderosos y sabrosos.
Carménère: es un cepaje de origen francés, cuyos vinos presentan un conjunto de cualidades como cuerpo suave y color intenso.
Los vinos “Jóvenes” son ideales para acompañar asados de cordero, carnes rojas, estofados de carne, pollo asado, asados de ternera y quesos de corta y media duración. Los vinos “Maduros” se recomiendan para servirse con carnes rojas (asadas o a la parrilla), carnes de caza mayor (ciervo, jabalí), y platos con salsas complejas.
Los vinos “Blancos” ligeros son especiales para pescados suaves y fiambres poco especiados. Aquellos blancos “con cuerpo” se sugieren para crustáceos a la parrilla, moluscos y pescados de sabor pronunciado. Aquellos “criados en madera” se consideran ideales para pescados y mariscos muy condimentados, carnes asadas de pollo o ternera y pescados marinados.
Los vinos dulces “Moscatos” son ideales especialmente para postres, budines, pastelería y frutas. En tanto que los “Champagnes y espumantes” son sugeridos para aperitivos y canapés, pescados y mariscos en general, caviar, salmón y ostras.