San Vicente, patrono de los vitivinicultores, es el santo, quien con su racimo, como si se tratara de una lámpara, cuida la belleza de las viñas. La leyenda cuenta que la devoción hacia este personaje se remonta a los primeros siglos de nuestra era. Nacido en Huesca (España), a fines del siglo II le fue conferido el Diaconato. El año 303, el emperador Diocleciano ordenó una persecución general de cristianos e hicieron arrestar al diácono Vicente y fue torturado hasta morir. Se dice que exprimieron su cuerpo en las prensas de los vendimiadores y que su sangre se convirtió en un vino generoso, fuente de vida eterna. Fue enterrado en Borgoña y posteriormente trasladado a Champagne, Francia, donde se veneraron sus restos por primera vez. Posteriormente, la devoción a este santo se generalizó por toda Europa y quedó consagrado como patrono de los vitivinicultores.
La guarda de vinos y licores en barriles de madera (crianza en barrica) ha sido una práctica milenaria. La industria de elaboración de vino ha evolucionado de la mano con la industria de producción de maderas para uso en la guarda de vinos reserva. Es así como hoy en día predominan el roble francés y el roble americano y se está usando distintos métodos de tostado de la madera, que modifican los caracteres que éstas entregan al vino.
Pero no cualquier vino mejora con cualquier madera. El vino debe tener carácter y la madera debe entregar al vino aromas y sabores agradables que no opaquen aquellos propios del vino y que contribuyan a redondear y completar la sensación en la nariz y la boca...
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Los vinos orgánicos son muy especiales y deben valorarse en su real dimensión. Su elaboración requiere de gran cuidado ecológico y Argentina y Chile han empezado a ganar terreno en esta materia desde hace bastante tiempo.
Una de las características principales de este tipo de vinos reside en su proceso de elaboración, el cual debe cumplir con diversos requisitos. La certificación de viñedos y bodegas requiere de un análisis de suelos y de cada etapa del cultivo; en tanto que el proceso de producción es revisado cuidadosamente por parte de las organizaciones certificadoras, debiendo cumplirse entre otras cosas con lo siguiente:
- Ausencia de pesticidas, fungicidas, herbicidas y antibióticos en los cultivos.
- Cosecha manual, sin uso de máquinas.
- Utilización de levaduras indígenas durante la fermentación.
- Limitación de presencia de dióxido de azufre. En Argentina, por ejemplo, sólo se autorizan 70 mg por litro de vino tinto...